La controversia estalló cuando las agencias de protección de datos de Italia (Garante) y Corea del Sur (PIPC) ordenaron la suspensión inmediata de DeepSeek en sus territorios. Las investigaciones forenses revelaron que la aplicación no solo recolectaba metadatos estándar, sino que estaba enviando activamente el contenido de los chats y datos del dispositivo a servidores de China Mobile y Volcano Engine (propiedad de ByteDance) en China, sin el consentimiento explícito requerido por el GDPR europeo. Lo alarmante no es solo la transferencia, sino que la ley china de inteligencia obliga a estas empresas a compartir dicha información con el estado si se les solicita, lo que convierte a cada usuario de la app en un potencial punto de recolección de inteligencia extranjera.
Mientras Europa cierra las puertas legales, en Estados Unidos la guerra es técnica. OpenAI ha presentado un memorándum al Congreso acusando a DeepSeek de "destilación" (model distillation). En términos simples, DeepSeek no estaría "aprendiendo" desde cero, sino que estaría usando miles de bots camuflados para hacerle millones de preguntas a GPT-4 y luego usar esas respuestas "inteligentes" para entrenar a su propia IA. Según la denuncia, DeepSeek utiliza técnicas de ofuscación ("obfuscated routing") para ocultar que las consultas vienen de una granja de servidores y no de humanos, logrando así "robar" el razonamiento lógico de OpenAI sin pagar los miles de millones de dólares que costó desarrollarlo. Esto explicaría cómo una empresa china con una fracción del presupuesto de Google logró resultados tan sorprendentes en tan poco tiempo: copiando al maestro en lugar de estudiar.
Este doble golpe (regulatorio y técnico) marca el fin de la inocencia en el uso de IAs extranjeras. Ya no se trata solo de si la herramienta es buena o barata, sino de a quién le estamos entregando nuestros datos y nuestra propiedad intelectual. Italia y Corea han sido los primeros en caer, pero se espera que el resto de la Unión Europea y Estados Unidos implementen bloqueos similares en los próximos días, fragmentando Internet en dos bloques de IA irreconciliables: el occidental y el chino.
CONCLUSIÓN
El caso DeepSeek demuestra que en la carrera de la Inteligencia Artificial, los atajos técnicos (como la destilación) y la negligencia con la privacidad tienen un precio geopolítico insostenible. Estamos presenciando la transición de una competencia comercial a una cuestión de seguridad nacional, donde usar una IA "gratuita" podría estar costándonos nuestra soberanía digital.
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